martes, 31 de marzo de 2009

La conciencia. Anselmo Maliaño

En la comprensión del ser que nos plantea Heidegger, hay que analizar varios fenómenos propios del Dasein, para dejar ser al ser, como una necesidad ontológica existencial que busca establecer, más que respuestas y conceptos, una conexión con todas las posibilidades vivenciales del Dasein, es decir con lo mas originario de la constitución del ser (el ser en cada caso mío).
El planteamiento heideggeriano, nos presenta que la conciencia es un fenómeno del Dasein y “es” en el modo de ser del Dasein. La conciencia da a entender algo, es una apertura (hace accesible) dentro-de-si, es una llamada que tiene el carácter de una apelación al Dasein a hacerse cargo de su más propio poder-ser-si-mismo. Por lo tanto, el ser no es tal como él se concibe, sino desde su misma conciencia que lo interpela constantemente para ser responsable de lo que es. La conciencia es la llamada que interpela al uno mismo de su mismidad, es decir llama al sí mismo del Dasein y viceversa (aperturidad del Dasein), pero esta llamada no solo procede de mi, sino de más allá de mi. Podríamos decir, que tiene sus raíces en la verdad, como una posibilidad de entenderse a si-mismo, pues solo hay ser en la medida de que la verdad es.
La llamada se revela como un querer-tener-conciencia. La condición de arrojado del ente “abre” sabe lo que pasa consigo mismo, pero también puede desoirse así mismo. Por lo tanto, el ser tiene que escuchar el llamado de la conciencia.
La voz de la conciencia es comprendida como un dar-a-entender-algo. La llamada de la conciencia es al mismo Dasein es su cotidianidad, esta llamada al sí mismo en el uno-mismo, es decir, hacia su mas propio poder-ser. La conciencia habla única y constantemente en la modalidad del silencio, llama al silencio del poder-ser existente.
La conciencia se revela como un llamado del cuidado, ya que el Dasein en el fondo de su ser es cuidado. La llamada es llamada del cuidado, así pues, escuchar la llamada equivale a un comprenderse a sí mismo en su poder-ser-más propio. Esta posibilidad es lo radical de la estructura misma de la conciencia.
La llamada remite al Dasein hacia adelante en dirección a su poder-ser y lo remite en cuanto que ella llama desde la desazón. La llamada abre al poder-ser que viene de la silenciosidad, de la desazón, donde se hace cargo de su propia realidad.
El ser culpable es un modo de ser del Dasein, que abre a la comprensión y que es el fundamento de la nihilidad, por el hecho de estar arrojado y por ello el Dasein es culpable. Este ser-culpable constituye la condición ontológica para que el Dasain pueda llegar a ser culpable en su existir fáctico. Sin embargo, este ser culpable no puede determinarse por la moralidad. El ser culpable constituye el ser que llamamos cuidado.
Comprender la llamada quiere decir: querer-tener-conciencia, es decir la disponibilidad para ser interpelado. Es en cuanto comprenderse en el mas propio poder-ser, una forma de la aperturidad del Dasein.
Características de la conciencia.
a) Tiene una función crítica.
b) Esta en referencia a un acto concreto que se ha ejecutado o querido.
c) La “voz” no es vinculada al ser del Dasein.
d) No se retoma en cuanto al fenómeno de la “mala” y “buena” conciencia.
Sin embargo, la vivencia de la conciencia surge después que se ha cometido u omitido un acto, es un remitir recordatorio a la culpa contraída (remite a si mismo) la llamada hacia atrás, llama al mismo tiempo hacia adelante, hacia el ser culpable. Es decir, la idea de una “buena” o “mala” conciencia es la interpretación de la conciencia que mira hacia adelante para amonestar y la que se vuelve hacia atrás para censurar. La conciencia comparece para la experiencia como un “juez” y un amonestador con el que el Dasein trata y negocia, pero debe evitar poner la “buena” conciencia al servicio de un “fariseísmo”. En otras palabras se nos invita a desenmascarar este planteamiento en la comprensión del ser y a fundamentar la dignidad de la conciencia (el modo propio de ser-si-mismo) como la base de todo comportamiento que posibilita un signúmero de acciones (dejar-ser) donde se funda el ser unos con otros (ser-en-el-mundo).

2 comentarios:

Regina dijo...

Diferiría contigo en algunos puntos. No sé si quisiste decir lo contrario porque me parece que los puntos que listas bajo “Características de la conciencia” –a excepción del último- son más bien las características de lo que no es lo que Heidegger entiende por conciencia.
La conciencia es silente porque “no dice nada”. Dice Heidegger: “¿Qué le dice la conciencia al interpelado? Estrictamente hablando-nada. La llamada no dice nada, no da ninguna información acerca de sucesos del mundo, no tiene nada que contar … solamente es llama-do hacia sí mismo, es decir, hacia su más propio poder-ser. (§56, p. 268-269/273)”. Entonces no podría ser crítica ni referir a un acto concreto y la «voz» sí está vinculada al ser del Dasein, en tanto es el Dasein quien se llama a sí mismo.
En virtud de la caída el Dasein se encuentra perdido en el «uno», en la cotidianidad. Por eso dice que el uno-mismo (ese que está «perdido» en la cotidianidad) es alcanzado por la llamada que lo llama hacia el sí-mismo-propio. Hablando de la resolución dice Heidegger que es “el callado proyectarse en disposición de angustia hacia el más propio ser-culpable” (§59, p. 290/297) pero ese ser-culpable es la ausencia, lo que falta. La conciencia nos llama a darnos cuenta de nuestra finitud, y nos permite resolvernos, el modo propio de la aperturidad.

Amílcar dijo...

Comentario sobre la llamada "voz de la conciencia" de Heidegger. (Por Martín Banús)

En términos de la conciencia, Heidegger ha realizado un análisis de la conciencia humana que prescinde completamente del término de la noción de conciencia. Pero utiliza e interpreta la noción de conciencia moral, o sea, algo parecido por lo menos a aquella idea que teníamos de la "voz de la conciencia". Ello como resultado al uso que Heidegger hace de la noción de trascendencia en el análisis de la relación del hombre con el mundo.
La trascendencia viene a ser entónces para Heidegger la esencia misma de la subjetividad, en donde el término hacia donde trasciende el hombre es el mundo. Por lo tanto, para Heidegger la trascendencia no es un simple comportamiento para el hombre, así como tampoco el mundo resulta ser la totalidad de las cosas naturales, ni siquiera la comunidad de los hombres, sino más bien la estructura relacional que caracteriza a la existencia humana como trascendencia. La trascendencia, dice Heidegger, expresa el proyecto del mundo, en forma tal que lo que proyecta es dominado por la relaidad que trasciende y que ya esta de acuerdo con ella. La idea de la voz de la conciencia es entendida como una relación intrínseca del Ser-ahí del hombre. Y precisamente como una relación mediante la cual es llamado de la existencia anónima y trivial a su auténtico poder-ser. Por lo tanto, pareciera que en Heidegger la idea de conciencia no se trata de una cualidad psiquica sino más bien de una actitud refleja.
La idea de conciencia de Heidegger debe asociarse a lo que él define como ser-para-la-muerte, y significa esencialmente vivir angustiado. La muerte desciende al nivel de un acontecimiento cotidiano, tan cotidiano que ya no sorprende - que tiene lugar dentro del mundo.