lunes, 23 de marzo de 2009

La estructura del existir (Dasein): ser-en-el-mundo. Regina Fuentes Oliva

La primera parte de Ser y tiempo está dedicada a la analítica existencial del Dasein. Profundiza en cada una de las partes de su estructura: ser/estar-en-el-mundo. El ser que somos nosotros mismos. No habla simplemente de «ser humano» sino de existir (Dasein). Y ese existir tiene la estructura de ser-en-el-mundo y dicho de manera unitaria: «cuidado» o «preocupación» (Sorge). Al hablar de Dasein, Heidegger se coloca más allá del sujeto cartesiano agregando la dimensión del «mundo». No como un objeto al que el Dasein se dirija, como si pudiera existir un sujeto sin mundo, sino como una estructura cooriginaria. El Dasein, siendo, ya es con las cosas que utiliza y con otros Dasein. Solo, aislado, no «sería». El mundo se entiende como plexo de significatividades, todo lo que comparece en el mundo refiere a otras cosas, nada es de manera aislada. Las cosas remiten a otras que forman su «contexto» y el Dasein es la «claridad» que permite descubrir esas significatividades.

A pesar de que sólo dedica un pequeño capítulo a analizar el ser-con (Mitsein), el ser-con-otros (con otros Dasein), durante toda la lectura del libro nos recuerda constantemente que este estar en el mundo siempre es estar con otros. Incluso en lo que podría parecer lo más individualista de su análisis, la resolución, insiste constantemente en que este ser sí mismo, sigue siendo parte de la estructura unitaria que somos. El «sí mismo» llama al Dasein que se encuentra perdido en el «uno», en la cotidianidad en la que priva una comprensión media del mundo y de sí. Y lo llama a su más propio poder ser sí mismo. Sin embargo, “[l]a llamada del «mismo» en el uno-mismo no empuja a aquél hacia sí mismo, en el sentido de una interioridad, en la cual quedaría encerrado frente al «mundo exterior». La llamada pasa por alto todas estas cosas y las disuelve interpelando únicamente al sí-mismo que, sin embargo, sólo es en la forma del estar-en-el-mundo” (§56, p. 268/273).

La forma «propia» de ser de la que nos habla Heidegger está siendo contrapuesta a una forma «impropia» que consiste en esa pérdida que la cotidianidad nos supone, y que, sin embargo, tampoco es algo «malo» o «incorrecto» que debamos «superar», de hecho, es la manera como usualmente somos. Pero esta propiedad es hacernos cargo de nuestra existencia, en virtud de la ineludible finitud. Y este hacernos cargo supone también una forma de ser con otros que no esté sólo mediada por la habladuría, la ambigüedad, en fin, por la cotidianidad, sino por una forma «propia» de ser sí mismo en que el otro es traído ante la mirada en su dimensión de existir y no sólo de algo que simplemente está ahí.

1 comentario:

Amílcar dijo...

Buena visión sintética de la subjetividad co-existencial. El título es quizá muy general para lo que se ofrece, que es concretamente el enfoque "múndico" y comunitario desde el que ha de comprenderse la subjetividad más propia.