La obra de Jean-Luc Nancy en torno al cuerpo, en particular su tesis de que no tenemos un cuerpo, sino que -más bien- lo somos, para luego del sujeto como exterioridad y exposición infinita, como cuerpo volcado hacia fuera. Se propone una discusión en torno al estatuto ontológico y epistémico del cuerpo.
El ser-cuerpo es lo más universal, abarca a todo lo material (corpus) pero no se reduce a ello.
El hombre es cuerpo, habla, puede nombrar y significar y esencialmente, que puede nombrarse y significarse. Sin embargo, el decir se desfigura al mostrarse en algo dicho.
El libro de Nancy recorre el cuerpo, su morfología y organización, siendo contado como una suma, esto es, como un corpus: esta descripción del conjunto de manifestaciones del cuerpo se sustrae de las imágenes y el discurso del organismo desde los cuales ha sido explicado siempre – constituyéndose así en un contra-discurso, esto es, en una crítica literaria-epistemológica.
El cuerpo es un objeto dado a un pensamiento finito. De allí la afirmación fundamental de Nancy: “no tenemos un cuerpo, sino que somos un cuerpo”. La verdad del sujeto es su exterioridad y su excesividad: su exposición infinita, el cuerpo volcado hacia fuera. Mi cuerpo – cuerpo – esto aquí – allá, más allá, ser-aquí. Ser-el-aquí-y-el-ahí. Aquí-yace (va-y-viene).
En Corpus la experiencia del sentido y de la libertad se escribe con el cuerpo o, más bien habría que decir, el cuerpo es la libertad desencadenándose, escribiéndose en tanto se entrega a lo que disemina desde fuera su identidad. Para Nancy la única verdad es la evidencia sensible, aquí y ahora de este cuerpo, de esta materia, sin jerarquías, en cada uno de sus lugares.
Ist dasein da in das sein? Está el ser ahí en el ser. La filosofía de Heidegger se ha olvidado del cuerpo. Sin embargo, el hombre se ha interrogado a si mismo, siempre en la búsqueda de su verdadero ser. Por ello, el “lugar” de la verdad es el hombre. Ser cuerpo es volver a relatar y transmitir las diversas figuras de la verdad. Cada pensamiento es un cuerpo. Pensamiento es el ser-ahí del ser. El cuerpo se hace audible, pero no puede ser expresado totalmente en palabras, siempre hay algo oculto que no se revela totalmente.
La filosofía ha sido imagen (la caverna en platón, el primer motor en Aristóteles, mente y materia en Descartes, etc). Si bien es cierto, la metafísica se preocupó mas del ente, de estudiar el ente en sí mismo y en sus expresiones: los trascendentales del ente y así nos recuerda Aristóteles: que el ser se dice de muchas maneras. Sin embargo como dicen algunos filósofos el cuerpo ontológico no está pensado aún.
Esta obra es un intento diferente para sacarnos de la cabeza las tradiciones filosóficas que hacen referencia al cuerpo y el alma y en ello mismo la tradición cristiana, buscando eliminar los dualismos y la concepción que tenemos de Dios y de la encarnación. El hombre es su cuerpo y su naturalaza. El cuerpo es personal, necesitamos de él para conocer (comunicarnos). El hombre no es un espíritu que usa un cuerpo, es un espíritu encarnado (Verbum Caro Factum Est) la encarnación es la expresión de lo uno en lo otro (cuerpo) es decir, la encarnación de lo mismo en lo otro (unidad del cuerpo y alma). El entre-los-cuerpos. Un cuerpo es imagen del alma. Y por lo tanto es un ser con unas finalidades biológicas que se fundan con sus elecciones biográficas: naturaleza y cultura, unidad en la persona.
Hay un planteamiento del hombre sobre el hombre, somos un diálogo. El cuerpo es colectivo (como humanos somos miembros de una comunidad) conglomerado de cuerpos “inter-esse-corpus”.
La existencia, cuerpo del hombre esta determinado por los tres niveles del tiempo: pasado presente y futuro. Sin cuerpo no hay pensamiento, no hay presente y sin presente no hay pasado ni futuro. Es decir, el cuerpo está en el presente pero también está entre el pasado y el futuro.
sábado, 23 de mayo de 2009
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